1-0. La falta de puntería y la polémica arbitral condenan a un Atleti que mereció mucho más en la eliminatoria.

Once inicial del Atlético de Madrid en Londres
El once de gala de Simeone que buscó la gloria en el Emirates Stadium.

Londres se vistió de gala para recibir una de esas noches que definen décadas. El Emirates Stadium, con más de 60.000 almas vibrando bajo el lluvioso cielo británico, fue el escenario de una batalla táctica y emocional entre el Arsenal de Arteta y el Atlético de Madrid de Simeone. El ambiente, eléctrico desde horas antes en las inmediaciones del estadio con 3.300 colchoneros desplazados, vaticinaba una noche de épica. Sin embargo, el fútbol, caprichoso y a veces cruel, decidió que el billete a la final de Budapest se quedara en la capital inglesa. Un solitario gol de Bukayo Saka al borde del descanso fue suficiente para decantar una balanza que el Atleti tuvo en su mano en varios tramos del encuentro. Los rojiblancos cayeron con honor (2-1 en el global), pero con el sabor amargo de saberse superiores en juego y ocasiones, viéndose perjudicados por la falta de eficacia en el área rival y un arbitraje de Daniel Siebert que dejó mucho que desear en jugadas clave que pudieron cambiar el destino de la eliminatoria.

Marcos Llorente luchando un balón
Marcos Llorente fue un pulmón incombustible durante los 90 minutos de juego.

La primera parte fue un ejercicio de personalidad del equipo de Simeone. Lejos de amedrentarse por el empuje inicial de los Gunners, el Atlético tomó el mando del esférico con un Antoine Griezmann imperial en la distribución, actuando como el faro que iluminaba cada ataque. El francés, en la que fue su última gran batalla europea con la rojiblanca, dio un recital de inteligencia táctica, conectando con un Marcos Llorente que fue un puñal por la banda derecha. La polémica no tardó en aparecer cuando, un empujón a Giuliano Simeone dentro del área, no fue señalada por fuera de juego previo del que ni siquiera se vio una repetición ni hubo revisión por el VAR. Ya en el minuto 44, cuando parecía que se llegaba al descanso con el 0-0 inicial, tras la única fisura defensiva del primer tiempo, Oblak repelió con una estirada descomunal un disparo de Trossard, pero el rechace cayó en las botas de Saka, quien no falló para poner el 1-0. Un mazazo psicológico justo antes de enfilar el túnel de vestuarios que obligaba al Atleti a la heroica.

Marc Pubill en el Emirates
Marc Pubill confirmó en Londres su consagración como uno de los mejores laterales del momento.

Tras la reanudación, el Atlético de Madrid salió decidido a asediar la meta inglesa. Fue un ejercicio de coraje y corazón rojiblanco durante toda la segunda mitad en busca de la remontada o al menos del empate. Simeone movió el árbol dando entrada a Sorloth, Correa y Giuliano, buscando la frescura que faltaba en los metros finales. Marc Pubill, excelso durante todo el encuentro, dobló una y otra vez por fuera y mantuvo una lucha titánica con un gran Gyokeres. La jugada que marcaría el devenir del choque ocurrió en el minuto 72: Giuliano Simeone fue derribado claramente dentro del área por Saliba tras un recorte seco. El contacto fue evidente, pero Siebert, ante el estupor de los jugadores atléticos, indicó que no había nada y el VAR, no llamó al colegiado alemán a revisión. Pero no fue la única jugada polémica en el área de los gunners, ya que poco después un claro penalti sobre Griezmann, fue invalidado por una teórica falta de Pubill inexistente y de nuevo ni el árbitro alemán, ni incompresiblemente el VAR, revisaron la jugada.   A partir de ahí, el partido se volvió un intercambio de golpes donde la frustración empezó a mellar en los colchoneros ante las continuas pérdidas de tiempo de los de Arteta, que consigieron aguantar hasta el pitido final, que llevaba el desencanto a toda la familia atlética. 

La conclusión para el Atlético de Madrid es agridulce. El equipo se despide de la Champions League con la cabeza muy alta, habiendo competido de tú a tú contra uno de los mejores planteles de Europa, pero con la sensación de que se ha escapado una oportunidad histórica por detalles que no deberían ocurrir a este nivel. La falta de "punch" en las áreas ha sido el lastre de una temporada que, globalmente, roza el sobresaliente por los resultados conseguidos y por la evolución del grupo. Marc Pubill y Marcos Llorente demostraron ser piezas de talla mundial, y Griezmann se despidió de la máxima competición continental con la clase que solo los elegidos poseen. Este Atleti ha recuperado la identidad y el respeto de todo el continente, pero hoy la historia nos vuelva a deber una. Toca levantarse y cerrar con orgullo una campaña en la que, pese a este doloroso revés en Londres, el club ha vuelto a demostrar que pertenece a la élite absoluta del fútbol europeo. La "contundencia", esa palabra que tanto repite el Cholo, fue la única diferencia entre el Arsenal y el sueño de Budapest.

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Antoine Griezmann en acción
Antoine Griezmann lideró el ataque colchonero en su última gran noche europea.

At. Madrid 1 - Zaragoza - 0. Campeones de Copa 1976

1-0. Campeones de Copa en 1976 por quinta vez ante el Zaragoza en el Bernabéu.

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